Amigos de la calle
Jorge Cassis abre con invitados de lujo, como los llama: la abogada Zaida Rovira y el actor Fernando Villarroel, los dos candidatos a concejales de Guayaquil, con Gabriela Suescum, como siempre, al otro lado de la mesa. Jorge explica que quiere entrevistar a todos los candidatos que acepten venir: ya pasaron una candidata a la viceprefectura y otra al Consejo de Participación Ciudadana y Control Social, un organismo que, advierte, la mitad más uno ni sabe que también va a votar en estas elecciones.
Con Fernando la historia es más vieja. Se conocen desde la adolescencia, de cuando jugaban con pelotas de trapo en la peatonal. Fernando cuenta un fenómeno extraño: cuando Jorge empezó a aparecer en redes como influencer, no sabía que era el mismo chico que había conocido antes. La idea, dice, era venir con el tercer candidato principal, Toto, pero las agendas no cuadraron, y Jorge aprovecha para recordarlo parado en la tarima de un concierto de Torbellino hace muchos años.
¿Por qué Jorge conoce a todo el mundo? Su respuesta es sencilla: porque eran de la calle. Salían a caminar por Urdesa, se paraban en una esquina y en la otra, y en Salinas uno se iba solo a Mar Bravo y terminaba en la casa de alguien con 40 personas. Eran “pateperros”, dice: no les gustaba estar en la casa y, ya de jovencitos, querían trabajar en algo.
Las otras vidas de Fernando
Fernando cuenta que hace poco fue a un concierto tributo a Soda Stereo en el club Biblos, al que no iba hacía años, y al ver la piscina le confesó a su esposa que en los años 80 iba a limpiarla con un señor. Ella siempre se ríe de él, dice, porque ha tenido varias vidas: también trabajó de albañil y vendió sánduches. Y pasó un año y medio en la fábrica de chocolate La Universal, a los 18 años, en una etapa familiar complicada, con turnos rotativos: una semana de 6:45 de la mañana a 7 de la noche y la siguiente al revés. Para alguien que duerme tarde, recuerda, era horrible.
En la mesa salen más trabajos de juventud: pintar tumbas en el cementerio para el Día de Difuntos, buscar en el periódico dónde le tocaba votar a la gente del barrio a cambio de unas monedas, cantar en los buses, envasar químicos en una fábrica. La conclusión es que quien ha pasado por eso tiene más voluntad y otra empatía, porque sabe lo que vive el otro.
El hijo antes que Univisión
Fernando dice que cumplió todas sus metas en el arte y que tenía hambre de más. Vivía para el trabajo: primero su profesión, segundo su profesión; si tenía que dormir en el canal, dormía en el canal, y soñaba con llegar a Estados Unidos y ser famoso en el mundo. Ni él ni su esposa querían hijos, pero después de tres años de casados decidieron ser papás, y cuando nació su hijo, que hoy tiene 14 años, todo cambió.
Para entonces ya viajaba a Estados Unidos y llevaba un año de gestiones para que Don Francisco lo contratara en Univisión, como actor para sus rutinas de comedia. Un cambio en la cadena hizo retroceder los papeles y, para entonces, ya había decidido dejarlo todo: seguir con ese plan lo habría separado de su esposa y de su hijo, y él, que tuvo una infancia complicada y sin la presencia de sus padres, separados, no quería eso. “El amor fue más grande”, resume. En la mesa notan que a su esposa, presente en el estudio, se le humedecieron los ojos.
El guion desde la camilla
Fernando llegó a tener una productora audiovisual con 23 personas que hacía programas para televisión, y como también es escritor, si le fallaban los guionistas reescribía él los libretos en la casa. Un día le dio dengue hemorrágico. Desde la camilla del hospital quería adaptar el guion de la semana para que el compadre Garañón, su personaje, también se enfermara y apareciera en la clínica con todos sus compadres. Por insistencia de su esposa llamó a la gerente de producción del canal, que le dijo que se recuperara, que ella repetía el programa. Colgó la llamada y, cuenta, ahí recién cayó enfermo de verdad.
En la mesa cuentan otro caso del mismo tipo: una empleada cuyo esposo recibió un balazo en la pierna en un intento de robo y que, mientras lo operaban, avisó que a las 6 de la mañana entregaba igual su informe.
Jorge durmió en la calle
Jorge distingue entre quienes estuvieron en los zapatos de la necesidad porque nacieron en ella y quienes llegaron ahí por sus propias decisiones. Él, dice, es de los segundos. La gente no le cree cuando lo cuenta, pero durmió en la calle, en la vereda, y podría dar la dirección exacta. Lo despertaban y le decían “Flaco, vente, cómete un poco de encebollado”, y se lo daban en una tarrina. Estaba desahuciado, sin casa, botado de la casa, y no le echa la culpa a nadie: fueron sus malas decisiones.
Su familia lo dio por perdido. Su papá tuvo un tercer hijo y también le puso Jorge, como diciendo que el Jorge que tuvo ya se le había muerto. La gente se ríe cuando lo cuenta, y a él le parece bien, porque es chistoso, aunque esa era su situación.
El cono amarillo
De ahí sale la imagen que atraviesa el episodio. En una cuenta de Instagram apareció una gráfica: un círculo rojo con un pequeño cono amarillo. El cono es lo que la gente conoce de ti; todo lo demás, no. Jorge la retoma más adelante para hablar de Fernando: la gente sabe que es actor, pero no conoce su lado de empresario, de productor ni de escritor, ni al chico con sueños que Jorge conoció.
Jorge suma otro pedazo de su historia: él también fue albañil, pero no aquí, sino como migrante ilegal. Recuerda que en 2002, recién llegado, tenía un horario nocturno en una fábrica de aluminio, metido en unos hornos horribles, y se le salían las lágrimas. La conclusión en la mesa es que la única forma de sentir lo que la gente siente es haberlo vivido: no es lo mismo visitar un barrio un día y lamentar su situación.
Por qué Zaida dejó el ministerio
Jorge repasa la carrera de Zaida: estuvo en el MIES, en la Gobernación, volvió al ministerio cuando ya se llamaba de Desarrollo Humano y pasó también por el Ministerio de Gobierno. ¿Por qué dejarlo para ser candidata a concejal por Guayaquil?
Zaida cuenta que los primeros ataques que recibió fueron que la habían sacado del ministerio para mandarla de candidata, y que ahí entendió a quién le importa de verdad Guayaquil. No es la única, dice: Toto renunció a la Asamblea para lo mismo. Como ministra ganaba el doble que como concejal, y alguien en la mesa la corrige: el triple. Se lo propuso el presidente del partido, que es el presidente de la República, y no tuvo que pensarlo: lo decidió de inmediato, por amor a Guayaquil.
Fernando ve ahí un parecido con el teatro: gente con convicción. En la mesa se burlan de la palabra y discuten si en Ecuador se puede vivir del arte. Alguien sostiene que aquí no existe el mercado y que nunca se va a llegar a lo que gana un actor afuera; Fernando dice que nunca piensa así, y que a los papás que le advierten que su hijo se va a morir de hambre si estudia actuación les responde que quién sabe si ese chico cambia el mundo desde aquí.
La frontera y las emergencias
Zaida cuenta que trabajó la mayor parte de su vida en el sector social, y aclara que eso no es llevar caridad ni comidita. Le tocó trabajar en la frontera cuando se exigía la visa humanitaria, “que de humanitaria no tenía nada”, viendo llegar a los caminantes arrastrándose por la tierra, con niños que murieron en el camino. Esa desesperación, dice, te hace quedarte las horas que sean buscando una salida a los problemas de la gente.
En los últimos años le tocó de todo: los incendios en Quito, las inundaciones en Esmeraldas y en toda la costa, los aluviones. Ahí no se le puede decir a la gente que el horario termina a las 5 de la tarde. Su trabajo, resume, pasó a ser su forma de vida. Vive casi siempre sola, sus papás la visitan los fines de semana y su hijo vive en Buenos Aires, y cuenta que ni se da cuenta de que está sola, porque llega de madrugada, se baña, cambia la maleta y vuelve a salir. Fernando lo une con su mundo: la política, como la producción, es dar un servicio.
Actores en la política
En la mesa salen ejemplos para quienes juzgan a un actor que se lanza. Tomás Delgado, el de “la vecina”, fue candidato a la alcaldía de Balzar y la gente se preguntaba cómo iba a ser alcalde “la vecina”, sin ver al empresario, escritor y músico profesional que hay detrás. Y sigue con nombres de afuera: Ronald Reagan fue actor y presidente de Estados Unidos; Arnold Schwarzenegger, migrante y actor, fue gobernador de California; Volodímir Zelenski era actor cómico y hacía parodias políticas.
Título o voluntad
La conversación pasa a los currículums. En la mesa se recuerda que hay presidentes que solo son bachilleres, y la discusión termina en que se pueden tener diez maestrías y cuatro doctorados, pero sin voluntad el título no sirve de nada. Alguien suma la capacidad de acción, porque hay gente que estudia toda la vida y nunca hace nada, y la idea se cierra así: la capacidad de acción viene de la voluntad. En medio aparece una mamá enfermera y abogada con tres maestrías, de quien su hija decía en broma que estudiaba cualquier cosa con tal de no cocinar, y una invitación al programa de cocina con una receta que solo lleva pollo.
El liderazgo y los amigos
Fernando cuenta que llegó a manejar cerca del 75% de la producción de TC Televisión, con la gerencia de dramatizados. A veces le mandaban a alguien que venía de estudiar ocho años en Rusia y, parado frente a una producción de 150 personas, no sabía manejar un equipo. Cuando llega uno nuevo, explica, los camarógrafos se confabulan para que nada le funcione, y el respeto se gana más fácil cuando empezaste abajo: él fue actor, después productor y después director.
Lo más difícil, dice, es trabajar con amigos y tener que despedirlos. Él fue creciendo y llevando a los suyos, y algunos empezaron a marearse y a comportarse extraño. En la mesa coinciden en que ahí se fortalece el liderazgo, en la toma de decisiones, y en que así como terminan las relaciones de pareja, también deben terminar las amistades que te fallan.
Gabi, la calle y la garita
La conversación se vuelve burla cuando los invitados comparan su calle con la de Gabi, que según ellos tiene club, ciudadela, garita y cancha de pádel; ella responde que descubrió Guayaquil con sus compañeros del Banco del Pacífico del centro. Jorge revela por qué se grabaron cuatro episodios ese día: Gabi, mamá de mellizos, tiene por delante las reuniones de mamitas de cada paralelo, la fiesta de Halloween, la de Thanksgiving y las de Navidad. Y aprovecha para declarar a su esposo, que se llama igual que él, un mártir.
Los distritos de Guayaquil
Jorge, que vive hace cuatro años en Manta, pide que le expliquen cómo quedaron los distritos. Zaida va por el distrito 1, el sur; Fernando por el 2, el de Pascuales, y Toto por el 3, el del norte. El cuarto es el rural, con parroquias como Posorja, Puná, El Morro y Tenguel. La cuenta que hacen en la mesa: cinco en el distrito 1, cuatro en el 2, cinco en el 3 y uno en el rural, 15 en total. Fernando cuenta que con la actualización de límites su distrito incluye Pascuales, Vergeles, Orquídeas, Bastión Popular, Monte Sinaí y La Ladrillera. Jorge recuerda que él fue candidato a la Asamblea dos veces, la primera por un distrito que incluía Durán, Playas, Samborondón y parte de Guayaquil, y la última en Manabí.
La barba y La Ladrillera
Jorge recuerda cuando tenía una barba enorme y le preguntaban cuántos likes hacían falta para que se la afeitara. Ningún like, respondió: el que le regalara 100 tarrinas de comida para repartir. Dos restaurantes pusieron 100 cada uno, un barbero lo afeitó en vivo y salieron en camionetas a repartir la comida en La Ladrillera. Fernando estuvo ahí, en la zona que hoy recorre como candidato, y le causa gracia que haya quien le diga que recién aparece por ahí.
De ese día Jorge cuenta, medio en broma, que casi adopta a una niña. Y de su campaña de 2021 recuerda a una mamá con dos hijos a la que se llevó a su casa una semana: los llevó a comer, a comprar ropa y a cortarse el pelo, algo que, insiste, no tenía nada que ver con la campaña.
El Guayaquil que mezclaba a todos
En la mesa cuentan que circulan memes diciendo que los candidatos nunca se han comido un maduro en la calle, y se ríen: si supieran cuántos se comieron. Gabi admite que ella creció entre cuatro paredes, en un Guayaquil más inseguro, y les reconoce que ellos crecieron en otro, donde era normal salir a la calle y comer donde sea.
En la mesa recuerdan una ciudad más integrada. Los chicos de plata iban a farrear al sur, y había menos colegios, así que en uno mismo estudiaban el hijo del dueño del banco y el hijo del conserje. El Cristóbal Colón, el Javier, el San José La Salle y el Vicente Rocafuerte “tenían de todo”. Los barrios eran unidos y celebraban juntos la Navidad.
También el Estero Salado era otro: en la época de sus papás la gente se bañaba ahí, y todavía en la de ellos un plan era alquilar un bote y tirarse al agua en la mitad. Puerto Lisa se llama así, explican, porque era de verdad un puerto donde se pescaban lisas, antes de que se rellenara el manglar como se rellenó todo el suburbio.
El cierre
Jorge los despide deseándoles éxitos en su gestión. Los candidatos hablan de ir por el arte, por lo social y por el medio ambiente, y de intentar organizar otra vez ese Guayaquil del que hablaron. En la mesa se pide respeto a las instituciones, porque hay concejales que solo aparecen el día de sesión, y Fernando responde que las sesiones son los jueves, pero que el trabajo por Guayaquil es de todos los días. Jorge insiste en que traigan a Toto, y Gabi, en que venga también el candidato de Samborondón.




