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Así se puede convertir años de experiencia en un título universitario

EN CORTO

Sí, en Ecuador la experiencia laboral comprobable se puede homologar y validar para obtener un título de tercer nivel, y en algunos casos sumar una maestría. Así lo hizo Jorge Cassis en 18 meses, con beca y acompañamiento de Corporación Educativa BQC. La ley excluye las carreras de salud: comunicación, turismo o administración sí se homologan; medicina, nunca.

14 DE OCTUBRE DE 20261:00:59

Jorge Cassis confiesa que lleva 18 meses estudiando en secreto con Corporación Educativa BQC y que está por graduarse de licenciatura y maestría a la vez. Con Benjamín, Marcelo y Gabriela Suescum repasa qué carreras se pueden homologar con la experiencia y cuáles no, qué distingue una maestría tecnológica de una universitaria y por qué tantos alumnos llegan a la universidad sin saber investigar ni exponer.

Miniatura del episodio: Así se puede convertir años de experiencia en un título universitario

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Jorge Cassis

EN ESTE EPISODIO

  • Benjamín
  • Marcelo
  • Gabriela Suescum

TEMAS

EDUCACIÓNEDUCACIÓN SUPERIORHOMOLOGACIÓNBECAS

RESUMEN

Jorge Cassis retoma un tema que se perdió: el episodio sobre la letra pequeña de las becas, que condujo Gabriela Suescum sin él. Esta vez se sienta con Benjamín, CEO de Corporación Educativa BQC, y con Marcelo, del área de admisiones, y a los pocos minutos suelta la noticia: desde hace 18 meses él mismo estudia con ellos, nadie lo sabía y ya está por graduarse de licenciatura y maestría a la vez.

Benjamín explica lo que hacen, una intermediación educativa: un equipo técnico revisa qué pide cada institución para homologar o validar conocimientos, gestiona las becas y acompaña al estudiante hasta que registra su título. En el caso de Jorge, una doble titulación de una universidad europea que por la vía tradicional costaba casi 19.000 dólares le salió en 4.000, con la beca y el seguimiento incluidos, y en cuotas. Lo hizo callado, cuenta, porque no quería anunciarlo y no terminarlo, y uno de sus grandes impulsos fue su hija mayor, que se doctoró a los 30 años en Alemania.

La conversación también pone los límites. La ley no permite homologar ni validar nada del área de salud, y por eso queda afuera hasta el técnico dental del que se habló con la familia Falquez. Sí se homologan carreras como comunicación, turismo o administración; medicina, nunca. Marcelo aclara que una maestría tecnológica solo vale en Ecuador, mientras que una universitaria internacional, con apostilla de La Haya, sirve afuera. Y Jorge recuerda la polémica por la primera dama, que homologó su experiencia: para él, hizo lo que la ley permite.

Benjamín cuenta cómo empezó, llevando de la mano a sus propios hijos hasta la graduación, y cómo convenció a institutos y universidades de cederle becas para trasladarlas a quien no puede pagar. Jorge lo dice a su manera: nadie es filántropo, BQC tiene que ganar algo por el seguimiento y le parece bien; lo que él pagó lo pagó, no es un canje.

La segunda mitad se va a la crisis educativa. Jorge recuerda las enciclopedias, las láminas y Encarta, cuando investigar era leer; cuenta que en 2011 entró a una universidad pública con 33 años y encontró compañeros que leían el PowerPoint porque no sabían exponer, y pide un giro de 180 grados en las leyes de educación. El cierre, con Gaby de vuelta en la mesa, es una invitación a quien se sienta demasiado viejo para estudiar: si Jorge pudo, dice ella, todos pueden.

PUNTOS CLAVE

Cada marca abre el video en ese minuto.

  1. 6:16

    Jorge abre el episodio como continuación del de las becas, que condujo Gabriela Suescum sin él.

  2. 6:43

    Presenta a Benjamín, CEO de Corporación Educativa BQC, y a Marcelo, del área de admisiones.

  3. 7:08

    La confesión: Jorge estudia con ellos, nadie lo sabe y está por graduarse después de 18 meses.

  4. 7:51

    El programa de homologación profesional: convertir años de experiencia comprobable en una carrera.

  5. 8:36

    Las becas que por ley deben dar institutos y universidades, y el papeleo que nadie quiere hacer.

  6. 9:21

    Benjamín explica la intermediación educativa: requisitos de cada institución, documentos y solicitud de becas.

  7. 9:52

    Un ejemplo: una tecnología de 5.000 dólares que con una beca del 50% queda en 2.500.

  8. 11:05

    Jorge eligió una doble oferta académica: licenciatura y maestría al mismo tiempo.

  9. 11:31

    Hizo la tesis sin ChatGPT, con noches hasta las 2 o 3 de la mañana en el comedor de su casa.

  10. 12:15

    Con la beca, la colegiatura completa con acompañamiento le costó 4.000 dólares, y se puede pagar en cuotas.

  11. 13:37

    ¿Para qué sirve el cartón? Jorge responde que para él mismo y para sus hijas.

  12. 14:18

    Uno de sus grandes impulsos fue su hija mayor, que se doctoró a los 30 años en Alemania.

  13. 16:09

    El maestro mecánico al que ya no le llevan el carro eléctrico porque no tiene título.

  14. 16:57

    De los 33 que entraron con Jorge se están graduando unos 30.

  15. 17:34

    La tecnóloga en control de incendios de 64 años, en Buena Fe, que se graduó con más de 50 familiares.

  16. 17:57

    Lo que contó la familia Falquez: en Ecuador no existe la carrera de técnico ni de asistente dental.

  17. 20:01

    Por qué BQC no puede ofrecerla: la ley no permite homologar ni validar nada del área de salud.

  18. 21:06

    Las carreras nuevas de las universidades privadas traen costos inaccesibles para el 80% de la población.

  19. 23:44

    La polémica por la primera dama, que homologó su experiencia y se graduó en unos seis meses.

  20. 24:16

    Comunicación, turismo o administración se pueden homologar; medicina, nunca.

  21. 25:00

    Marcelo: la maestría tecnológica solo vale en Ecuador; la universitaria internacional lleva apostilla de La Haya.

  22. 25:54

    La diferencia entre tecnólogo superior y tecnólogo superior universitario: un semestre más.

  23. 27:05

    La maestría universitaria parte de una licenciatura y exige una base de conocimientos afín.

  24. 28:54

    La matriz de BQC está en Riobamba, con oficinas en varias ciudades y una por abrir en Guayaquil.

  25. 30:22

    Por qué Jorge no pudo seguir en la universidad pública: no le daba para trabajar y estudiar a la vez.

  26. 31:21

    Benjamín cuenta por qué empezó: llevó de la mano a sus propios hijos hasta que se graduaron.

  27. 32:16

    La propuesta a los institutos: que le cedan las becas para trasladarlas a quien no puede pagar.

  28. 34:07

    Las instituciones pasaron de 30 o 50 graduados a 200 o 300 por corte.

  29. 35:11

    Jorge da por hecho que BQC gana algo por el seguimiento, y le parece bien: nadie es filántropo.

  30. 37:56

    En el colegio no le enseñaron a estudiar ni a organizarse para una carga universitaria.

  31. 38:40

    Usar ChatGPT no es para cualquiera: la respuesta depende de cómo se haga la pregunta.

  32. 40:22

    Las enciclopedias Océano y Planeta, cuando investigar la batalla del Pichincha era sentarse a leer.

  33. 43:40

    En 2011 entró a una universidad pública con 33 años.

  34. 44:34

    Compañeros que no sabían exponer y leían todo lo que habían escrito en el PowerPoint.

  35. 46:32

    El error de calcular la ganancia sobre el costo y no sobre el precio de venta.

  36. 48:49

    El giro de 180 grados que pide para la educación: alumnos que salen a los 18 sin saber investigar ni exponer.

  37. 50:44

    Buscar en Google es encontrar diez historias distintas, y muchas sesgadas.

  38. 54:05

    La conclusión sobre la primera dama: tenía la experiencia y homologó dentro de la ley.

  39. 59:24

    Marcelo invita a convertir la experiencia técnica en una carrera de tercer nivel.

  40. 59:57

    Gaby cierra: quien se sienta demasiado viejo para estudiar, que mire a Jorge.

DE QUÉ SE HABLA

El estudiante secreto

Jorge Cassis abre el episodio como la continuación de uno en el que no estuvo: el de la letra pequeña de las becas, que condujo Gabriela Suescum. El tema, dice, le compete muchísimo. Del otro lado de la mesa están Benjamín, CEO de Corporación Educativa BQC, y Marcelo, del área de admisiones. Y antes de que la conversación arranque, suelta la noticia que no le había contado a nadie: él mismo estudia con ellos y ya está por graduarse. Han sido 18 meses, cuando lo normal se lleva cinco años.

Una doble titulación

Benjamín cuenta que Jorge tomó una doble oferta académica: la licenciatura y, a continuación, la maestría, con una universidad europea. Jorge bromea con que estuvo a punto de arrepentirse de la maestría, y explica por qué le costó: es criado a la antigua, no le pidió a nadie que le hiciera la tesis y no tenía ChatGPT. Fueron noches hasta las 2 o 3 de la mañana en el comedor de su casa, que recuerda con cariño. Casi les pide, confiesa entre risas, que le hicieran los deberes.

La cuenta la pone Benjamín: por la vía tradicional, la doble titulación costaba casi 19.000 dólares; con los documentos que presentaron consiguieron la beca, y la colegiatura completa, con el acompañamiento incluido, costó 4.000. Y no hace falta tenerlo todo de golpe: se puede pagar en cuotas, a tres, seis u ocho meses.

Por qué lo hizo callado

Jorge admite que alguna vez se preguntó para qué sirve el cartón. Quizás a él no le cambie nada, dice, pero le sirve a sí mismo y a sus hijas, para poder decirles que lo hizo. Uno de sus grandes impulsos fue su hija mayor, que sustentó su doctorado a los 30 años en Alemania: si la hija ya era PhD, ¿qué quedaba para el papá? Ni ella lo sabía. Lo hizo en silencio porque no quería anunciarlo y después no terminarlo.

Cómo funciona la homologación

El programa que Jorge quiere que conozca más gente es el de homologación profesional: cuando una persona tiene años de experiencia comprobable en ciertos puestos o carreras, esos años se pueden convertir en tiempo de estudio para una licenciatura en administración de empresas o en comunicación social, por ejemplo. Y lo dice desde el principio, para que nadie se ilusione: medicina no se homologa.

Benjamín lo describe como una intermediación educativa. Un equipo técnico revisa qué pide cada institución de educación superior para homologar o validar conocimientos, arma los documentos, solicita las becas y acompaña al estudiante hasta que defiende su tesis y registra su título en la Senescyt. Pone un ejemplo: una tecnología que cuesta 5.000 dólares termina, con una beca del 50%, en 2.500.

El acompañamiento

El seguimiento es la otra mitad del servicio: que el estudiante no se atrase con las tareas, que vaya avanzando, que no abandone. Benjamín insiste en que es un reto que casi nadie toma por miedo, porque alguien que se graduó hace diez años cree que ya se le olvidó todo. “Nada es imposible”, repite, “solo el cielo es el límite”.

Da su ejemplo de por qué hace falta: el maestro mecánico al que la gente ya no le lleva el carro eléctrico porque ahora hay tecnólogos electromecánicos. Y da su cifra: de los 33 que entraron con Jorge se están graduando unos 30. Cuenta también el caso de una mujer de 64 años, del cuerpo de bomberos del cantón Buena Fe, que se graduó como tecnóloga en control de incendios con más de 50 familiares en la ceremonia, gritando que lo había logrado.

Lo que no se puede homologar

Jorge trae a la mesa lo que le contó la familia Falquez en el episodio anterior: en Ecuador no existen las carreras de técnico ni de asistente dental. Lo comprobó en su propia cirugía, cuando juraba que una de las mujeres que lo atendían era doctora y resultó ser asistente: lleva 20 años con el doctor, sabe lo mismo que él y no tiene cómo graduarse. ¿Por qué no ofrecer esa carrera?

La respuesta de BQC es que hay restricciones legales: nada del área de salud se puede homologar ni validar, y el técnico dental está dentro del área de salud aunque nunca toque al paciente y solo trabaje sobre un molde. Jorge insiste en que es una pena que esa carrera no exista, y lo resume así: en oferta de carreras, al país le falta mucho.

Del lado de BQC suman el otro problema: las universidades privadas traen carreras nuevas con reconocimiento internacional, pero con costos inaccesibles para el 80% de la población, carreras de 20.000, 30.000 o 40.000 dólares sin contar hospedaje, alimentación ni transporte. Jorge defiende el estudio en línea, que mucha gente sataniza: hay carreras que no se pueden estudiar así, pero la gran mayoría de maestrías ya son en línea, y aprender o no depende del alumno.

El caso de la primera dama

Jorge recuerda la polémica de hace unos meses, cuando se supo que la primera dama había homologado su experiencia y se había graduado, según él, en unos seis meses. La gente critica, dice, pero es legal. Y a quienes reaccionaron preguntando si también podían ser médicos en seis meses les responde con lo que ya dijo: comunicación, turismo o administración se pueden homologar; medicina, nunca. Haber sido enfermera 20 años no te convierte en doctora en dos.

Maestría tecnológica o universitaria

La ley permite ahora hacer una maestría siendo tecnólogo, y ahí Marcelo pone el matiz. Las maestrías tecnológicas solo se reconocen dentro del país; la que destacan ellos es internacional, con apostilla de La Haya y validez en el exterior. Para acceder a la maestría tecnológica, explican, no basta con ser técnico o tecnólogo superior: hay que ser tecnólogo superior universitario, un título que empieza a partir del quinto semestre, uno más que los cuatro del tecnólogo superior. Jorge confiesa que esa diferencia no la tenía clara.

La maestría universitaria, en cambio, exige un título terminal, como una licenciatura o una ingeniería. Jorge pregunta si entonces cualquiera puede hacer la maestría que quiera, y la respuesta es que casi: un abogado puede hacer una en educación superior o en administración pública, pero para una maestría en derecho hace falta ser abogado. Tiene que haber una base de conocimientos en la malla curricular de la carrera original.

Dónde están

La matriz de BQC está en Riobamba, aunque Jorge siempre se comunicó con la oficina de Quito. Tienen además oficinas en Ibarra, Loja, Cuenca, Machala, Otavalo y Azogues, y están abriendo una en Guayaquil, en la Federación Médica Ecuatoriana. Jorge los encontró hace un año y medio por un contacto del que ya ni se acuerda, en una época en que no quería gastar.

Explica también por qué su camino tenía que ser privado: pudo entrar a una universidad pública, pero no le daba para trabajar y estudiar al mismo tiempo. Los horarios, dice, eran el problema.

De dónde salen las becas

Benjamín cuenta por qué empezó. Su hija mayor abandonaba cada carrera en la que la inscribía, así que la sentó con él, sumó al hijo menor y les fue dando seguimiento hasta que los dos se graduaron y registraron sus títulos. Ahí entendió que era posible para cualquiera. Lleva 17 años en educación, 14 de ellos en educación continua, y de ahí sacó su conclusión: lo que necesita el estudiante es que lo lleven de la mano.

Entonces habló con los dueños de los institutos tecnológicos: “Ustedes tienen becas que el Estado les otorga. ¿Qué tal si ustedes me dan las becas a mí y yo las traspaso a la sociedad?”. Explica que todas las instituciones de educación superior, públicas y privadas, son sin fines de lucro, algo que provoca risas en la mesa, y que por eso tienen que ceder becas. Hay universidades que anuncian diez becas al 100% y otras tantas al 50 o al 75%. BQC pidió más, para gente que de otra forma no estudiaría, y según Benjamín las instituciones que aceptaron pasaron de 30 o 50 graduados a 200 o 300 por corte, un logro que también les luce a ellas.

Nadie es filántropo

Jorge se adelanta a lo que va a preguntar la gente. Da por hecho que quizás la universidad le dio una beca más alta de la que le trasladaron, y que BQC se queda con algo por el seguimiento. Y le parece bien: “¿Quién es filántropo aquí?”. Todo el mundo hace las cosas con un fin. Distinto sería, dice, que le dijeran que no consiguieron la beca, le ofrecieran un descuentito del 10% y le cobraran de más: eso sí sería avaricia. A él la carrera le salió baratísima, pagó lo que pagó y aclara que no es un canje.

En la mesa alguien dice que no los habría contratado para su propia carrera porque estudió enseguida después del colegio, aunque reconoce que habría ayudado tener a alguien encima. Jorge responde que a una persona como él el seguimiento le sirve muchísimo: si no fuera por la agenda y los recordatorios, no se acordaría ni de que al día siguiente tiene que viajar a Manta.

La educación que no enseña a estudiar

Jorge admite que de joven no tenía más responsabilidad que estudiar, pero que en el colegio no le enseñaron a hacerlo: no sabía mantener un esquema de organización para llevar tantas materias universitarias. Y cuenta una conversación con unos amigos: ahora existe ChatGPT, le dijeron, y él respondió que entonces al menos en el colegio deberían enseñar a usarlo, porque la respuesta depende de cómo se haga la pregunta y la inteligencia artificial solo es tan inteligente como el contexto que se le da.

Lo ilustra con una anécdota propia. Publicó un video contando que tenía un ID de Florida sacado con visa de turista, y le llovieron comentarios diciéndole que mentía, uno de ellos con un párrafo enorme copiado de ChatGPT. Él mismo le preguntó a ChatGPT y le respondió que no se podía. Fue a la página de la entidad que emite el documento, leyó las reglas para las visas B1 y B2 y volvió a preguntar con los términos exactos. Esa vez la respuesta fue que sí.

Enciclopedias, láminas y Encarta

Jorge recuerda cómo se investigaba antes. Había dos enciclopedias en casa: la Océano, roja, de cuatro tomos, y la Planeta, gris, de unos diez. Si mandaban a investigar la batalla del Pichincha, había que ir a la B y empezar a leer y resumir. Si había que saber algo reciente, tocaba recortar el periódico o ir a la biblioteca, y si no, al bazar, a comprar las láminas del sistema solar o de la conquista española, con la foto y la descripción abajo. Después llegó Encarta, una enciclopedia en CD con un buscador que se actualizaba cada cierto tiempo. Pero nadie te resumía nada: había que escribir y leer.

El 2011 en la universidad pública

En 2011, cuenta, entró a una universidad estatal con 33 años. Dio el examen sin prepararse, mientras seguía trabajando, y sacó 911, la mejor nota de su facultad según dice. Lo que encontró en el primer semestre lo dejó marcado: compañeros que no sabían exponer y que leían en voz alta todo lo que habían escrito en el PowerPoint. En los trabajos en grupo él les pedía que armaran e imprimieran la carpeta, corregía lo que estaba mal y exponía con un marcador, sin computadora ni diapositivas.

El 20% que no es el 20%

De esa época viene una corrección que, dice, siempre hace. Les enseñan que para ganar el 20% sobre un producto hay que multiplicar el costo por 1,20, y eso no es ganar el 20%: la utilidad se mide sobre el precio de venta, no sobre el costo, así que hay que dividir el costo entre 0,80. A los amigos que le dicen que ganan el 100% porque compran a uno y venden a dos les explica que ganan el 50%. La única forma de ganar el 100%, dice, es haberse encontrado el producto en el piso.

Un giro de 180 grados

Su conclusión es que la Ley Orgánica de Educación Superior y la de educación intercultural necesitan un cambio real, no dos retoques. No es posible, dice, que los alumnos salgan a los 18 años sin saber investigar ni exponer, ni que no tengan cultura general: cuántos continentes y océanos hay, algunas capitales, dónde queda cada país en un mapa.

Por eso a él se le hizo difícil la carrera. No estaba acostumbrado a investigar con una computadora y tardaba el triple: buscaba en Google la historia de la comunicación y le salían diez historias distintas, la primera sesgada, y tenía que abrir varias páginas para compararlas. Para él, ese es el mayor problema hoy: la información está sesgada. La historia del comunismo cambia según la página sea de izquierda o de derecha, y con Israel y Palestina pasa lo mismo: cada lado tiene su razón, y si le preguntan de qué lado está, responde que del lado de que paren.

Constructos sociales

El desvío lleva a uno de sus temas de siempre: la monogamia como constructo social. Quien nace de este lado del continente crece con la idea de una sola esposa; en Arabia Saudita, dice, lo normal sería otra cosa, y entre los mormones fundamentalistas de Utah, también. Lo mismo pasa con la religión, que casi siempre es la de la familia, y con el fútbol: él es barcelonista porque va al estadio desde los nueve meses y le pusieron la camiseta amarilla para hacer feliz a su papá.

Y de ahí vuelve a la primera dama. La conclusión en la mesa es que tenía la experiencia, homologó e hizo lo que la ley permite.

El cierre

Después de una pausa para comer, en la que Gaby, ocupada organizando una recaudación de fondos, vuelve a la mesa, llegan los mensajes finales. Benjamín repite que el cielo es el límite y que, en lo educativo, ser mejor depende de cada uno. Marcelo invita a quienes tengan la experiencia necesaria a convertir su experiencia técnica en una carrera de tercer nivel.

Gaby se despide con lo que ya había dicho en el episodio anterior: cualquiera que piense que está demasiado viejo para estudiar, que mire a Jorge. Si él pudo, todos pueden. Jorge cierra con la misma idea: para los que ya no son tan jóvenes hay posibilidades de terminar una carrera en una muy buena universidad, vale la pena y el costo, asegura, es muy reducido.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Se puede convertir la experiencia laboral en un título universitario en Ecuador?

Sí. Con la homologación y validación de conocimientos, una institución de educación superior reconoce la experiencia laboral comprobable y los estudios previos para acortar la carrera. En Las Cosas Por Su Nombre, Jorge Cassis contó que así está por graduarse, en 18 meses, de una licenciatura y una maestría a la vez, con beca y acompañamiento de Corporación Educativa BQC.

¿Qué carreras no se pueden homologar con la experiencia?

Según explican desde Corporación Educativa BQC, la ley no permite homologar ni validar ninguna carrera del área de salud, y eso incluye la de técnico dental aunque ese técnico nunca toque al paciente. Sí se pueden homologar carreras como comunicación, turismo o administración de empresas; medicina, nunca.

¿Cuál es la diferencia entre una maestría tecnológica y una universitaria?

La maestría tecnológica solo se reconoce en Ecuador y exige ser tecnólogo superior universitario, que suma un semestre a los cuatro del tecnólogo superior. La maestría universitaria parte de un título terminal, como una licenciatura o una ingeniería, y si es de una universidad internacional con apostilla de La Haya tiene validez fuera del país, según explican en Corporación Educativa BQC.

¿Cuánto cuesta homologar la experiencia con una beca?

Depende de la carrera, del tiempo y de la beca que se consiga. Benjamín, CEO de Corporación Educativa BQC, pone el ejemplo de una tecnología de 5.000 dólares que con una beca del 50% queda en 2.500. Jorge Cassis contó que su doble titulación de licenciatura y maestría le costó 4.000 dólares con beca y acompañamiento, en lugar de los casi 19.000 de la vía tradicional, y que se puede pagar en cuotas.

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