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La "prostitución dental": limar dientes sanos para vender carillas

EN CORTO

La "prostitución dental" es como Jorge Cassis llama a limar dientes sanos para vender carillas. Según la familia Falquez, de una clínica dental de Guayaquil, ocurre cuando el dentista decide el tratamiento antes de diagnosticar y piensa en el dinero de fin de mes. Tallar un diente es irreversible, y a menudo el paciente necesitaba ortodoncia, no carillas.

07 DE OCTUBRE DE 20261:16:39

Jorge Cassis se sienta con la familia de la clínica dental Falquez de Guayaquil —el doctor Luis Falquez, rehabilitador oral, y sus hijos Marité, Luis Manuel y Luis Armando— para hablar de lo que él llama la "prostitución dental": dentistas que liman dientes sanos para vender carillas sin necesidad clínica. Hablan de la diferencia entre una corona y una carilla, de lo que fue para Jorge vivir con una prótesis provisional y de un sistema que gradúa miles de odontólogos y, según Luis Falquez, ningún técnico dental en Guayaquil.

Miniatura del episodio: La "prostitución dental": limar dientes sanos para vender carillas

CONDUCE

Jorge Cassis

EN ESTE EPISODIO

  • Luis Falquez
  • Marité Falquez
  • Luis Manuel Falquez
  • Luis Armando Falquez

TEMAS

SALUDSALUD DENTALÉTICA MÉDICAEDUCACIÓN SUPERIORCONSUMIDOR

RESUMEN

Jorge Cassis abre el episodio atando cabos con uno anterior, en el que el doctor Fernando Ojeda habló de los médicos que recetan testosterona a jóvenes de manera irresponsable. Esta vez el tema es lo que él llama la "prostitución dental": odontólogos que liman dientes sanos para poner carillas o colocan implantes sin ser expertos, sin medir el daño que hacen. Y lo dice, aclara, por experiencia propia. Del otro lado de la mesa está la familia de la clínica dental Falquez: el doctor Luis Falquez, rehabilitador oral y responsable de la sonrisa nueva de Jorge; Marité, recién llegada de especializarse en rehabilitación y estética en España; Luis Manuel, en su último año de odontología, y Luis Armando, que estudia administración de empresas y lleva los números.

Jorge cuenta su caso: quien le puso los implantes antes había hecho apenas unos pocos en condiciones ideales, le abrió la encía y le dejó cada implante apuntando hacia un lado distinto. Luis Falquez aclara de entrada que no es ilegal que un dentista general ponga implantes, y que uno bien preparado puede hacerlo tan bien como un especialista. El problema, insiste, no es el título sino la preparación, y en Ecuador nadie exige horas de actualización para seguir ejerciendo.

De ahí sale el tramo de los números. Luis Falquez cuenta que, al ayudar a revisar la enseñanza de odontología en una universidad, pidió los datos: entre 1990 y 2020 se graduaron 10.000 dentistas y solo el 30% ejerce. Con su estimación de 1.250 dólares por semestre, formar a los 7.000 que no ejercen le costó al Estado unos 86,8 millones de dólares. Y mientras sobran odontólogos, faltan las carreras que los rodean: según él, en Guayaquil no hay técnicos dentales graduados, ni carreras de asistente o higienista. Propone repartir los cupos entre odontología y esas carreras paralelas, y abrirlas a deportistas y artistas; Jorge va más lejos y propone exigir un título para jugar fútbol profesional.

La prueba de que el título no lo es todo aparece en la propia clínica. Jorge descubre en vivo que Lorena, a quien había visto incluso corregir al doctor durante sus citas, no es odontóloga sino asistente dental, con más de 20 años en el equipo y una formación hecha a punta de cursos y experiencia.

Luego llega la pregunta del título: ¿qué hace que un profesional lime los dientes de alguien como si fuera un robot para ponerle carillas? En la mesa explican que la corona se sostiene por retención, abrazando un diente tallado, mientras la carilla se pega por adhesión, "como un sticker", y que el avance de esa adhesión hizo pasar de coronas en toda la boca a carillas en toda la boca. La respuesta de fondo es otra: se decide el tratamiento antes de diagnosticar al paciente y se piensa en la plata de fin de mes. Tallar no tiene vuelta atrás, y muchas veces el paciente necesitaba ortodoncia: si un diente está salido, primero se alinea y después, si hace falta, va la carilla.

Jorge pone la parte que no se aprende en la facultad: la frustración de vivir con una prótesis provisional, de no volver a morder una manzana, de encerrarse 20 minutos en un baño en plena reunión para volver a fijarla. Luis Falquez habla de trabajar con sus hijos y de dejar que lo corrijan. El cierre pasa por los pacientes que les esconden a sus propias parejas que tienen implantes o prótesis total, por la relación entre las encías y el corazón, y por un pedido directo: buscar siempre una segunda opinión.

PUNTOS CLAVE

Cada marca abre el video en ese minuto.

  1. 5:44

    Jorge abre recordando el episodio con el doctor Fernando Ojeda sobre la testosterona en deportistas jóvenes.

  2. 6:07

    Presenta a la familia de la clínica dental Falquez: Luis, Marité, Luis Manuel y Luis Armando, "la oveja negra" que no estudió odontología.

  3. 6:27

    El tema del día: la "prostitución dental" y qué pasó con la ética de los profesionales de la salud oral.

  4. 7:59

    Marité acaba de terminar su especialización en rehabilitación y estética en España y lleva un mes trabajando en la clínica.

  5. 8:35

    Luis Manuel está en su último año de odontología; Luis Armando empezó medicina y hoy estudia administración de empresas.

  6. 11:01

    Jorge cuenta que, tras el video de su tratamiento, mucha gente le escribió para confesarle problemas dentales que le daba vergüenza contar.

  7. 12:34

    Su caso: quien le puso los implantes antes le abrió la encía y le dejó cada uno apuntando hacia un lado distinto.

  8. 13:03

    Luis Falquez aclara que no es ilegal que un dentista general ponga implantes: el problema es la falta de preparación.

  9. 14:51

    Marité entró a los 22 años a la especialización de la Universidad Complutense, que tiene seis cupos al año y uno solo para extranjeros.

  10. 15:31

    Jorge lo pone en plata: si hubiera llegado primero a la clínica, el tratamiento le habría costado un carro; pagó dos.

  11. 16:44

    Marité lamenta que en Ecuador la formación odontológica más reconocida sea la privada; en España se aspira a la pública por calidad.

  12. 19:58

    Cuando Luis Falquez estudió había una sola facultad de odontología en Guayaquil; hoy hay cinco.

  13. 20:52

    La pregunta que hace a la cámara: ¿cuántos técnicos dentales graduados hay en Guayaquil? Su respuesta: cero.

  14. 21:55

    Los laboratorios que fabrican las prótesis están, en su mayoría, en manos de gente que aprendió de forma improvisada.

  15. 25:38

    Los números: de 10.000 odontólogos graduados entre 1990 y 2020 en una sola universidad, solo el 30% ejerce.

  16. 26:46

    La cuenta de lo desperdiciado en formar a quienes no ejercen: unos 86,8 millones de dólares.

  17. 27:24

    No hay carreras paralelas: ni higienistas, ni asistentes, ni laboratoristas dentales.

  18. 28:16

    Su propuesta: repartir los cupos entre odontología y carreras paralelas, sin despedir profesores, con exámenes de ingreso exigentes.

  19. 29:49

    Jorge plantea exigir un título a los deportistas para que puedan jugar profesionalmente en el país.

  20. 33:25

    Luis Falquez: el problema son las bases, y en Ecuador nadie exige horas de actualización para renovar la licencia.

  21. 37:46

    En una pausa para comer, Jorge pone a prueba sus dientes nuevos: hacía tiempo que no masticaba tan fácil una hamburguesa.

  22. 43:17

    Jorge descubre que Lorena, quien lo atendió en cada cita, no es odontóloga sino asistente dental.

  23. 46:43

    Lleva más de 20 años en la clínica y se formó con cursos y experiencia.

  24. 48:49

    La pregunta de Jorge: qué hace que un profesional te lime los dientes como si fueras un robot para ponerte carillas.

  25. 49:32

    La corona se sostiene por retención, abrazando el diente tallado; la carilla se pega por adhesión, "como un sticker".

  26. 50:07

    De las coronas en toda la boca se pasó a las carillas en toda la boca.

  27. 51:18

    Jorge describe la frustración de vivir con una prótesis provisional: no volver a morder una manzana como se debe.

  28. 52:25

    Las reuniones en las que la prótesis se aflojaba y tenía que encerrarse 20 minutos en el baño a volver a fijarla.

  29. 54:52

    Luis Falquez explica por qué en Cuba no se dice dentista sino estomatólogo: el trabajo es sobre todo el sistema masticatorio.

  30. 56:00

    La respuesta de fondo: se decide el tratamiento antes de diagnosticar al paciente y se piensa en el dinero de fin de mes.

  31. 57:17

    A tallar se le puede enseñar hasta a un mono; lo que no se aprende así es el diagnóstico.

  32. 58:14

    La mejor rehabilitación es la ortodoncia: si un diente está salido, primero se alinea y después, si hace falta, va la carilla.

  33. 58:40

    Las carillas baratas que ni siquiera son de porcelana, sino de resina, y que después hay que cambiar.

  34. 1:01:01

    Las tres bellezas de una sonrisa: la blanca de los dientes, la rosa de la encía y la negra de los espacios.

  35. 1:04:40

    Jorge pregunta cómo se rompe el ego de un papá cuando el hijo llega a ordenarle las cuentas.

  36. 1:06:12

    Luis Falquez tiene 53 años, piensa trabajar hasta los 65 y ve como su deber acortarles la curva de aprendizaje a sus hijos.

  37. 1:10:34

    El pedido de Jorge: buscar siempre una segunda opinión y desconfiar del "yo creo que podemos".

  38. 1:11:08

    Hay pacientes cuyas parejas no saben que tienen implantes o prótesis total.

  39. 1:13:32

    La salud dental va más allá de los dientes: la periodontitis puede derivar en enfermedades cardíacas.

  40. 1:15:59

    El cierre: la palabra que Luis Falquez le pide a Jorge repetir, satisfacción.

DE QUÉ SE HABLA

La “prostitución dental”

Jorge Cassis abre el episodio atando cabos con uno anterior, en el que el doctor Fernando Ojeda habló de los profesionales de la salud que recetan testosterona a jóvenes de 20 años de manera irresponsable. Esta vez el tema es el mismo, trasladado a la boca: lo que él llama la “prostitución dental”. Odontólogos que liman y destrozan dientes con tal de poner unas carillas, o que hacen implantes sin ser expertos en implantes, sin saber el daño que causan. Y lo dice, aclara, por experiencia propia.

Del otro lado de la mesa está la familia de la clínica dental Falquez. El doctor Luis Falquez, rehabilitador oral, es el responsable de que Jorge hoy sonría tranquilo. Marité acaba de volver de España, donde terminó su especialización en rehabilitación y estética, y lleva un mes trabajando en la clínica. Luis Manuel termina odontología en diciembre. Y Luis Armando, “la oveja negra”, empezó medicina, la dejó a los dos años y hoy estudia administración de empresas: es el que lleva los números. La mamá, María Estrella, también es dentista y no está en la mesa, pero manda saludos.

El caso de Jorge

Jorge cuenta que, después de publicar el video de su tratamiento, mucha gente le escribió para confesarle problemas dentales que nunca se había atrevido a contar. Su propio caso lo resume así: quien le puso los implantes antes había hecho apenas uno, dos o tres, en hueso sano y con el diente recién sacado, todo a favor. Con él se animó a abrirle la encía entera, y el resultado fue un implante apuntando para un lado y otro para el contrario.

Lo pone también en plata: si hubiera llegado primero a la clínica Falquez, el tratamiento le habría costado “un carro no más”. Por haber pasado antes por otras manos, pagó dos.

Preparación antes que títulos

Luis Falquez aclara algo de entrada, para que la audiencia lo sepa: no es ilegal que un dentista general ponga implantes, y uno bien preparado puede hacerlo tan bien como un especialista. Él dirigió durante años la especialidad de rehabilitación oral en la provincia y siempre la abrió a dentistas generales. En Estados Unidos, recuerda, el dentista de batalla es el general. El problema no es el título, sino la gente que no se capacita.

Marité suma su mirada. Es tercera generación de dentistas por ambos lados de la familia, y según su papá fue la primera ecuatoriana en conseguir, a los 22 años, uno de los seis cupos anuales de su especialización en la Universidad Complutense, donde solo uno es para extranjeros. Ahora la aceptaron en la Universidad de California para seguir con rehabilitación estética en la parte digital, y se va en enero. Lamenta que en Ecuador la formación odontológica más reconocida sea la privada, cuando en España la gente aspira a la universidad pública por calidad.

Diez mil dentistas y ningún técnico

Cuando Luis Falquez estudió odontología había una sola facultad en Guayaquil, la estatal. Hoy hay cinco. Él se declara a favor de que haya oferta, pero le hace a la cámara una pregunta que deja a Jorge incrédulo: ¿cuántos técnicos dentales graduados hay en Guayaquil? Cero. Las principales universidades de la ciudad no tienen la carrera, y los laboratorios que fabrican las prótesis están, en su mayoría, en manos de gente que aprendió de forma improvisada.

Los 86 millones

Luis Falquez cuenta que, cuando le pidieron ayuda para entender qué pasaba con la enseñanza de odontología en una universidad, reunió a las autoridades de la facultad y pidió los números. “Esto es un tema de terror”, advierte. Entre 1990 y 2020 se graduaron 10.000 dentistas, y solo el 30% ejerce. Con su estimación de 1.250 dólares por semestre, formar a los 7.000 que no ejercen le costó al Estado unos 86,8 millones de dólares, de una sola facultad. Y el daño, dice, no es solo para quienes pasaron cinco años estudiando sin poder ejercer, sino para quienes se quedaron sin cupo.

Mientras sobran odontólogos, faltan las carreras que los rodean: no hay higienistas, ni asistentes, ni laboratoristas dentales.

La propuesta

Frente a la salida habitual de despedir profesores y cerrar cupos, Luis Falquez propuso reestructurar: si la facultad tenía unos 2.000 estudiantes, que la mitad siguiera en odontología y la otra mitad pasara a esas carreras paralelas, sin despedir a nadie, con exámenes de ingreso exigentes. Y abrir carreras técnicas de dos años a deportistas y artistas, porque cuando alguien del barrio entra a estudiar una carrera técnica gracias al básquet, arrastra al resto hacia el deporte y lejos de las drogas.

Jorge va más lejos: no se trata de abrirles la carrera a los deportistas, sino de exigírsela. Si a los 22 o 24 años un futbolista no tiene un título, que no pueda jugar profesionalmente en el país. Lo comparan con Estados Unidos, donde para llegar a las ligas profesionales hay que pasar por la universitaria. Lo justifica con los jugadores que ganan mucho dinero, no saben invertirlo y terminan con la familia pidiendo ayuda tras un accidente.

Luis Falquez cierra el desvío con la idea que lo une todo: la mala práctica empieza en las bases. Y no termina con la graduación. En Ecuador nadie exige un mínimo de horas de actualización al año para renovar la licencia, así que alguien puede haberse graduado hace 30 años sin volver a estudiar y seguir trabajando sobre personas.

Lorena, la doctora sin título

Después de una pausa para comer, en la que Jorge pone a prueba sus dientes nuevos con una hamburguesa —hacía tiempo, dice, que no masticaba tan fácil—, la conversación pasa al equipo de la clínica. Jorge pregunta por Lorena, la mujer que lo atendió en cada cita y a la que vio incluso corregir al doctor. Descubre en vivo que no es odontóloga sino asistente dental. No lo puede creer: juraba que era doctora.

Lleva más de 20 años en la clínica y se formó a punta de cursos y experiencia. La conversación vuelve a lo que venían diciendo: en Ecuador no existen las carreras de asistente, técnico ni higienista dental, y una clínica no puede depender de una sola persona, que se enferma o viaja.

Carillas contra coronas

Entonces llega la pregunta del título. ¿Qué hace que un profesional te agarre los dientes y te los lime como si fueras un robot, como si te fueran a poner coronas, para ponerte carillas?

En la mesa explican la diferencia técnica. La corona se sostiene por retención: el diente se talla y la corona lo abraza. La carilla se pega por adhesión, “como un sticker” en la pared, y lo que le permite aguantar la misma fuerza que un diente natural es justamente esa adhesión, que se desarrolló de forma exponencial en los últimos años. Así se pasó de coronas en toda la boca a carillas en toda la boca.

Pero el conocimiento técnico no alcanza. Se puede pasar diez años estudiando y, sin experiencia, no tener criterio; y si no te gusta lo que haces, vas a trabajar sin pensar en el ser humano que tienes al frente. La sonrisa, recuerdan, es la carta de presentación de una persona.

Lo que se siente del otro lado

Jorge pone la parte que no se aprende en la facultad. Con una prótesis provisional, dice, se acabó morder una manzana como se debe; un pedazo de chocolate frío tiene que pedir que se lo partan para llevarlo directo a la muela. Y lo peor eran las reuniones: la prótesis se aflojaba, no sabía si reírse o hablar, y tenía que pedir el baño para pasar 20 minutos quitando restos de adhesivo y volviendo a fijarla. “Que aceptes algo no significa que ya no te duele”, resume.

Con la prótesis nueva, cuenta, se pasó los tres primeros días sonriendo para sí mismo, pasando la lengua y sintiendo una mordida distinta.

Más que dientes

Luis Falquez explica por qué en Cuba no se dice dentista sino estomatólogo. El trabajo no es sobre dientes sueltos sino sobre el sistema masticatorio: articulación, huesos, musculatura, dientes y los tejidos que los soportan, que cumplen cuatro funciones, respiración, deglución, fonación y gesticulación. Si no lo ven los dentistas, pregunta, ¿quién lo ve?

Por qué se lima un diente sano

La respuesta de fondo a la pregunta de Jorge es que se decide el tratamiento antes de analizar al paciente: no se lo diagnostica, no se mira a la persona ni el impacto que va a tener, y se piensa en el dinero de fin de mes. A eso le llaman en la mesa prostitución, igual que Jorge. Tallar un diente no tiene vuelta atrás. A veces hay que hacerlo, porque el material necesita su espesor, pero no sin una necesidad clínica.

Uno de los hijos recuerda una frase de su papá: a tallar se le puede enseñar hasta a un mono, y en un año lo hará mejor que un robot. Lo que nunca va a resolver es el diagnóstico, y para eso son los años de carrera, de especialización y de cursos: saber en qué casos se talla, cuánto, y cuándo explicarle al paciente que va a ser más de lo normal y por qué.

La ortodoncia antes que la carilla

Luis Falquez lo dice desde su propia especialidad: es rehabilitador oral, pero la mejor rehabilitación es la ortodoncia. Si un diente está salido, primero se alinea y después, si hace falta, va la carilla. Cuando no se alinea, hay que desgastarlo. Por eso, dice, en la clínica trabajan con dos ortodoncistas.

A eso se suman las ofertas raras del mercado: carillas que ni siquiera son de porcelana sino de resina, y que terminan en la consulta, donde hay que cambiarlas por carillas de porcelana. El paciente, explican, termina con algo parecido a un empaste en todos los dientes cuando probablemente necesitaba ortodoncia.

Las tres bellezas

El concepto de estética también cambió: ya no hay un solo modelo de belleza ni rige la proporción áurea. Jorge cuenta que temía terminar con una fila recta de dientes idénticos, como los de Pepe Cortisona, y que le sorprendió la curva y la textura de su prótesis, hecha en digital y no con dientes de stock. En la mesa hablan de las tres bellezas de una sonrisa: la blanca de los dientes, la rosa de la encía y la negra de los espacios que tiene que haber en una boca. No todo es blanco.

La familia y el negocio

Jorge le pregunta a Luis Armando por su lugar en la clínica, y de ahí a la pregunta que le interesa: cómo se rompe el ego de un papá cuando el hijo llega con lo que aprendió en la universidad a decirle que lleva mal las cuentas. Luis Falquez responde citando a un tío que le enseñó que la autodisciplina es lo más difícil, y dice que la humildad es lo que hace grande a uno. No tiene problema, asegura, en que nadie de su equipo lo corrija, empezando por Lorena.

Tiene 53 años y piensa trabajar como dentista hasta los 65. En los 12 o 15 años que le quedan, su obligación, dice, es acompañar a sus hijos para que su curva de aprendizaje sea más corta y cometan menos errores. En el camino aparece también la hija menor, Elisa, de 10 años, que según la familia ya es más dentista que todos juntos.

El cierre: la segunda opinión

Jorge aclara que no viene a decirle a nadie a qué dentista ir, pero sí que tenga una segunda opinión. Lo que a él lo hizo dudar, cuenta, fue escuchar “yo creo que podemos” en lugar de “ya lo he hecho”.

Luego comparte algo que Luis Falquez le contó y que no le entra en la cabeza: hay pacientes cuyos esposos o esposas no saben que tienen implantes, o incluso prótesis total. Para Jorge eso dice cuánta vergüenza causa el tema dental, y cuánto puede cambiar a alguien por dentro la decisión de elegir bien al profesional. Él mismo dejó de pelear con su sonrisa de medio lado, igual a la de su papá: ese es él.

En la mesa recuerdan que la salud dental va más allá de los dientes: las encías enfermas y la periodontitis pueden derivar en enfermedades cardíacas, y hay gente joven perdiendo piezas convencida de que a ella no le va a pasar. El tratamiento, coinciden, no es lo que el paciente pide sino lo que el profesional debe hacer por conciencia y por ética. Luis Falquez le pide cerrar con la palabra que Jorge usó para describir cómo se sintió con su prótesis nueva: satisfacción.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Qué es la "prostitución dental"?

Es el nombre que el conductor de Las Cosas Por Su Nombre, Jorge Cassis, les da a los tratamientos dentales innecesarios que se hacen por conveniencia económica, como limar dientes sanos para poner carillas o colocar implantes sin la preparación suficiente. Según la familia Falquez, de una clínica dental de Guayaquil, ocurre cuando se decide el tratamiento antes de diagnosticar al paciente y se piensa en el dinero de fin de mes.

¿Cuál es la diferencia entre una corona y una carilla dental?

La corona cubre un diente tallado alrededor y se sostiene por retención, porque lo abraza. La carilla es una lámina que se pega por adhesión a la cara visible del diente, "como un sticker". El avance de la adhesión puso de moda las carillas en toda la boca, pero tallar un diente es irreversible y, según los Falquez, solo se justifica cuando hay una necesidad clínica diagnosticada.

¿Existen carreras de técnico, asistente o higienista dental en Ecuador?

Según el rehabilitador oral Luis Falquez, en Ecuador no existen carreras regularizadas de técnico, asistente ni higienista dental, y las principales universidades de Guayaquil no forman técnicos dentales: la mayoría de laboratorios que fabrican prótesis funciona con gente que aprendió de forma improvisada. Al mismo tiempo, de 10.000 odontólogos graduados en 30 años en una sola universidad, solo el 30% ejerce.

¿Por qué pedir una segunda opinión antes de ponerse carillas o implantes?

Porque tallar un diente no tiene vuelta atrás y muchos pacientes que llegan pidiendo carillas necesitaban en realidad ortodoncia: primero se alinea el diente y solo después, si hace falta, se pone la carilla. Como cuenta Jorge Cassis por experiencia propia, corregir un mal tratamiento cuesta más que hacerlo bien desde el principio, y en el mercado se ofrecen carillas baratas de resina en lugar de porcelana que terminan teniendo que reemplazarse.

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