Humanizar a una mascota y lo que eso le cuesta al animal
Tratar como hijo a quien no lo es
El episodio arranca con la presentación de los tres médicos veterinarios —Ricardo Moreno, de Manta, y Gabriel Valenzuela y Roberto Yumbla, de Guayaquil— y con el planteamiento del tema: los derechos de los animales y el manejo municipal de la fauna urbana. El primer eje del debate son las consecuencias de humanizar a los animales de compañía tratándolos como hijos, un desplazamiento afectivo que, según los profesionales, termina derivando en decisiones que perjudican al propio animal.
Automedicación, dietas y necesidades etológicas
Los veterinarios cuestionan varias prácticas extendidas entre dueños de mascotas. Señalan la costumbre de automedicar con fármacos humanos, la imposición de dietas inadecuadas para carnívoros estrictos y el desconocimiento de las necesidades etológicas del animal. También apuntan a la baja adopción del microchip de identificación como síntoma de una cultura preventiva débil.
Un mapa desigual de la fauna urbana
Cantones vecinos con problemas distintos
Ricardo Moreno detalla que cantones vecinos enfrentan realidades que no se parecen: Portoviejo con un desbordamiento de perros callejeros y Manta con sobrepoblación de gatos. La distinción importa porque desarma la idea de una receta única. Cada ciudad arrastra una historia y una composición de fauna urbana diferentes, y por lo tanto necesita medidas propias.
El rastro del terremoto de 2016
En el caso de Manta, los veterinarios atribuyen buena parte de la crisis al abandono de miles de mascotas tras el terremoto de 2016. Aquella ruptura dejó animales sin hogar que se reprodujeron sin ningún control durante años, y el efecto acumulado explica hoy una porción importante de la sobrepoblación felina que vive la ciudad.
Lo que Gabriel Valenzuela ve desde la bicicleta
Gabriel Valenzuela aporta un registro de campo y comparte lo que observa en sus rutas de ciclismo sobre el nulo control reproductivo en zonas rurales. A eso suma su preocupación por el aumento de fauna urbana en zonas densas como Daule y por los accidentes de tránsito que ese aumento provoca, un costo que rara vez entra en las cuentas del problema.
Ordenanzas que no llegan a la calle
La crítica de los veterinarios a las direcciones municipales
La parte más dura del episodio apunta a las direcciones municipales de bienestar animal. Los veterinarios sostienen que esas dependencias emiten ordenanzas que no se cumplen en territorio por falta de presupuesto y de autonomía política. Su crítica no recae sobre el texto de las normas, sino sobre la voluntad política y los recursos que hacen falta para ejecutarlas.
El microchip y su sobreprecio
Jorge Cassis señala el sobreprecio de procesos básicos como la implantación de microchips. El apunte conecta con lo dicho antes: si el mecanismo más elemental para identificar y recuperar a un animal perdido resulta caro, su baja adopción deja de explicarse solo por descuido del dueño y pasa a ser también un problema de acceso.
Propuestas concretas sobre la mesa
Formalizar a quienes ya cuidan colonias felinas
La primera salida que propone el panel es reconocer a los voluntarios catastrados que cuidan colonias felinas y entregarles insumos. En términos prácticos, plantean que los municipios convoquen a esos cuidadores y les hagan llegar alimento y medicina de manera formal, aprovechando una red de trabajo que ya existe y que hoy opera por cuenta propia.
El rechazo de las empacadoras de atún
La segunda propuesta es específica para Manta: destinar el rechazo productivo de las empacadoras de atún a alimentar a los gatos callejeros en lugar de desperdiciarlo. Es una medida que aprovecha un recurso local disponible y que, en la lógica del panel, podría sostener parte del cuidado de las colonias sin cargar todo el peso sobre el presupuesto municipal.
Sin esterilización real, el problema no cede
La conclusión del panel es que ninguna de estas medidas funciona aislada. Sin esterilización real y sin políticas integrales, la sobrepoblación vuelve a crecer y cualquier avance se pierde en pocos años. El diagnóstico final es que el problema no está en la falta de ideas, sino en la continuidad y la decisión para llevarlas a cabo.



