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Vivió una pérdida que nadie supo y decidió no ser madre

EN CORTO

La abogada y excandidata Cristina Reyes contó en Las Cosas Por Su Nombre que, en medio de tratamientos hormonales, vivió una pérdida que no le contó a nadie. Después de intentarlo un tiempo se preguntó si la maternidad era vocación o imposición familiar y concluyó, sin dolor, que no era para ella: "la maternidad será deseada o no será".

28 DE OCTUBRE DE 20261:27:39

Jorge Cassis y Gabriela Suescum reciben a Cristina Reyes, abogada, PhD, exreina de Guayaquil y compañera de Jorge en la Facultad de Derecho. Con su carrera política en pausa, Cristina cuenta que intentó ser madre, que vivió una pérdida que nunca le contó a nadie y que decidió que la maternidad no era para ella. También hablan del odio en redes contra las mujeres, de crianza y de la voluntad que le falta a la política.

Miniatura del episodio: Vivió una pérdida que nadie supo y decidió no ser madre

CONDUCE

Jorge Cassis

EN ESTE EPISODIO

  • Cristina Reyes
  • Gabriela Suescum

TEMAS

MATERNIDADDUELOMUJERESCRIANZAPOLÍTICA

RESUMEN

Jorge Cassis y Gabriela Suescum reciben a Cristina Reyes, abogada con maestría y doctorado, speaker internacional y, para Gabi, una amiga virtual a la que recién conoce en persona. Jorge la conoce de la Facultad de Derecho, a fines de los 90, y la conversación arranca entre enciclopedias, láminas y conexiones a internet por la línea del teléfono. Cristina cuenta que, después de 15 años de carrera política, está en una pausa creativa: ganó una beca para estudiar en China y prepara un libro.

La primera parte va sobre las redes. Cristina explica que ya no se toma nada personal y que responde con humor a lo que les dicen a las mujeres: que están gordas, viejas o solas. Jorge cuenta el insulto que recibió por abrir una cafetería en Manta, y en la mesa discuten si el odio golpea igual a hombres y mujeres en política. Jorge pelea el punto, pero termina admitiendo que no: la afectación es mayor para ellas.

El centro del episodio es una confesión. Cristina fue reina de Guayaquil y modelo en Miami, y hace dos años se quitó los implantes en una explantación. Cuando quiso ser madre pasó por tratamientos hormonales y vivió una pérdida que nadie supo. La procesó sola y, después de intentarlo un tiempo, se preguntó si la maternidad era una vocación o una imposición. Su respuesta fue que no era para ella, y la resume en una frase: la maternidad será deseada o no será.

De ahí la mesa pasa a la crianza. Gabi no soporta que le pregunten si su esposo "ayuda", porque él paterna; Jorge cuenta el acuerdo que tuvo con la mamá de sus hijos y los errores que cometió, y explica su metáfora del sánduche de queso: en el fondo todos necesitan lo mismo, aunque se adapte a cada uno. También recuerda las terapias que daba en un centro de rehabilitación para mujeres en Chone, desde sus propios 16 años de vida sana.

El cierre vuelve a la política. Cristina admite que sí le gustaría ser presidenta de la República algún día, aunque no ahora, y la mesa discute el caso de El Salvador, la diferencia entre títulos y voluntad, y la rigidez de Jorge con los favores y el conflicto de intereses, que lo tiene sin hablarle a un hermano.

PUNTOS CLAVE

Cada marca abre el video en ese minuto.

  1. 5:56

    Jorge da la bienvenida a la abogada Cristina Reyes, con Gabriela Suescum en la mesa.

  2. 6:27

    Gabi la saluda como su amiga virtual: años de conversar y recién se conocen en persona.

  3. 7:06

    Jorge conoce a Cristina de la universidad, y los dos reconstruyen quién entró cuándo.

  4. 9:42

    Cristina cuenta que, después de 15 años de carrera política, está en una pausa creativa.

  5. 10:21

    Ganó una beca para estudiar en China, es speaker internacional y prepara un libro.

  6. 11:05

    La gente que opina por cinco segundos de un video o por el índice de un libro.

  7. 12:24

    La generación de la Enciclopedia Océano y las láminas, frente a la de Encarta.

  8. 15:37

    Los profesores de Derecho de la Universidad Católica y los exámenes con fichas de bingo.

  9. 16:36

    La inteligencia artificial también se equivoca, y hay que cuidar lo que se le cuenta.

  10. 18:53

    Gabi le pregunta a Cristina cómo lidia con lo que le dicen en redes sin conocer el contexto.

  11. 20:08

    Lo que les dicen a las mujeres: que están gordas, viejas, que no van a encontrar a nadie.

  12. 21:39

    El insulto que recibió Jorge por abrir una cafetería en Manta, y su respuesta con un huevo.

  13. 22:28

    La regla de Jorge: solo importa la opinión de quien te toca la puerta para ver si estás bien.

  14. 25:51

    Gabi: a un presidente le dicen enano, pero a una mujer en política le llegan miles de mensajes sobre su cuerpo.

  15. 26:48

    Jorge reconoce que la violencia en redes golpea más a las mujeres.

  16. 29:33

    La disputa ahora es por la atención, el activo más valioso de este siglo.

  17. 32:02

    "El año pasado yo fui Julia Roberts": el viaje de Cristina después de su divorcio.

  18. 33:57

    En Bali buscó al maestro que conoció Julia Roberts, que ya había fallecido.

  19. 35:42

    El "facto" de Cristina: al cucaracho se lo elige desde el mismo nivel de conciencia.

  20. 37:03

    Las uñas sin pintar en la cafetería de Jorge, y Cristina, que dejó de pintárselas hace seis meses.

  21. 38:22

    ¿Alguna vez vieron a una princesa con esas uñas? "Pero bien que buscan un rey".

  22. 39:23

    Cristina: hemos puesto la vara tan bajita que cualquier cosa parece mucho.

  23. 39:46

    Jorge: el otro extremo, mujeres exitosas que ponen la vara demasiado alta.

  24. 43:43

    Reina de Guayaquil, miss y modelo en Miami.

  25. 44:09

    Cristina cuenta que hace dos años se quitó los implantes en una explantación.

  26. 46:08

    Jorge le pregunta si nunca quiso ser mamá.

  27. 46:47

    Los tratamientos hormonales y una pérdida de la que nadie se enteró.

  28. 47:03

    "Esto no es para mí": la decisión de no forzarse.

  29. 47:34

    "La maternidad será deseada o no será".

  30. 48:00

    Maternar de otras formas: proyectos para los 4 millones de niños del Ecuador.

  31. 49:38

    Gabi: "Jorge no ayuda, Jorge paterna".

  32. 50:35

    Jorge cambiaba pañales, pero no limpiaba a sus hijas por miedo a lastimarlas.

  33. 52:08

    El acuerdo con la mamá de sus hijos: él proveía y los niños se criaban con ella.

  34. 53:30

    Aunque se quede en casa, una mujer necesita sus propias fuentes de ingreso.

  35. 55:17

    La hija mayor de Jorge le dijo que sus fantasmas de niño no eran culpa de ellos.

  36. 56:59

    La matiné en la que Jorge, de jurado, no votó por su hija por conflicto de interés.

  37. 1:01:20

    ¿Todo el mundo tendría que ir a terapia? Jorge cree que no todos la necesitan.

  38. 1:03:35

    El sánduche de queso: en el fondo todos necesitan lo mismo, adaptado a cada uno.

  39. 1:05:38

    Jorge lleva una vida sana desde 2010, cuando entró a rehabilitación.

  40. 1:07:00

    Las terapias pro bono que daba en un centro de rehabilitación para mujeres en Chone.

  41. 1:08:23

    El libro de Cristina se lanza en febrero.

  42. 1:09:36

    Jorge le pregunta si la política sigue en sus planes.

  43. 1:10:57

    ¿Le gustaría ser presidenta de la República? "Por supuesto que sí".

  44. 1:11:52

    La vara tan baja: educación de calidad, luz sin cortes y un sistema de salud.

  45. 1:14:27

    Gabi vuelve impresionada de la seguridad que sintió en El Salvador.

  46. 1:16:07

    Jorge: si Bukele se lanzara en Ecuador, no votarían por él por ser bachiller.

  47. 1:17:21

    "La política es el arte de la voluntad".

  48. 1:18:41

    Jorge no le habla hace dos meses a su hermano menor.

  49. 1:20:58

    Clasificar a los presos: la cárcel como escuela del delito.

  50. 1:27:01

    Jorge: antes de mandarle odio a Cristina por su físico, mírense en el espejo.

DE QUÉ SE HABLA

Compañeros de Derecho

Jorge Cassis abre presentando a su invitada como la abogada, magíster y PhD Cristina Reyes, “un montón de cosas”, y Gabriela Suescum la recibe como su amiga virtual: llevan años conversando y es la primera vez que se ven en persona. Antes de empezar ya hay discusión. Gabi la llama señorita, alguien señala el sesgo machista de que una mujer pase a ser señora porque se casó, y Cristina lo resuelve rápido: ya no tiene marido, así que ahora es señorita.

Jorge la conoce de la universidad. Estudiaron Derecho a fines de los 90, en ciclos distintos, y se ponen a reconstruir quién entró cuándo, con el feriado bancario de fondo, mientras se burlan de Gabi, que era muy chica para saber qué fue eso. Recuerdan a los catedráticos de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica, que para ellos eran de otro nivel: uno que hacía de la mitología griega una poesía y otro que tomaba los exámenes con fichas de bingo, para que cada alumno tuviera una pregunta distinta.

La generación de la Océano

Cristina es del 81, millennial de las primeras. En la escuela había que investigar en la Enciclopedia Océano y comprar las láminas de la batalla del Pichincha; lo más antiguo que conoció Gabi, se burlan, fue Encarta. Les ponían telenovelas sin censura y el control remoto era uno mismo. Cristina cuenta que a ella y a su hermano les dieron una paliza por conectarse a internet con la línea del teléfono de la casa, por lo que llegó en la factura. Y Jorge explica el truco que usaban cuando las mamás le ponían candado al teléfono: marcar golpeando el botón de colgar tantas veces como el número.

La pausa creativa

Jorge le pregunta si ya pasó su época en la política. Cristina dice que está en una pausa creativa: las condiciones para hacer política hoy no son las óptimas, aunque ella ha peleado en condiciones adversas, y después de 15 años de carrera ininterrumpida cree que se merece este espacio. Se le abrieron posibilidades internacionales: ganó una beca para estudiar en China, ha sido speaker internacional y trabaja en un libro y un producto digital. Igual sigue dando su opinión, como Gabi, aunque eso sea “deporte extremo en este país”, porque siente una responsabilidad social que no depende de tener un cargo.

Lo que le parece mal no es que todos opinen, sino que se opine basado en los cinco segundos de un video, en las tres primeras líneas de un discurso o en el índice de un libro, creyendo que ya se leyó todo. En una época de posverdad, cancelación y hedonismo, dice, todo tiene un contexto, y la capacidad más grande que se puede tener es la de reflexionar.

La inteligencia artificial también se equivoca

En la mesa coinciden en que las redes y la inteligencia artificial deberían ser una herramienta y no la biblia por la que uno se guía. La IA se equivoca, dicen, y además hay que cuidar lo que se le cuenta, porque alguien está recopilando esa información íntima: mejor preguntarle por un cliente o por una amiga que contarle lo que le pasa a uno. Jorge vuelve a su ejemplo del ID de Florida: ChatGPT le decía que no se podía sacar con visa de turista, y solo cuando le preguntó con los términos exactos de la regulación le respondió que sí.

Lo que dicen las redes

Gabi le pregunta a Cristina cómo lidia con la gente que le pregunta por su vida con una idea armada a partir de sus videos, sin conocer el contexto. Cristina dice que han sido muchas etapas y que hoy se lo toma con humor y paciencia: hay preguntas que vienen de la curiosidad y otras de la maldad, y se nota. Ha trabajado tanto en sí misma, dice, que ya no se toma nada personal.

Lo que les dicen a las mujeres es siempre lo mismo: que están gordas, que están viejas, que no van a encontrar a alguien, como si para ser feliz hiciera falta un hombre, y que el tema de los hijos y la maternidad. Ella responde con creatividad, para que quien lo lee entienda que un comentario feo no la define. “Yo me creo la más linda”, dice, y sabe que va a lograr sus cosas. Gabi confiesa que su esposo la molesta porque se indigna por todo el mundo menos por ella misma.

El huevo de Jorge

Jorge cuenta que hace poco abrió una cafetería en Manta y un tipo le escribió en Facebook preguntándole quién lo asesoraba para poner un negocio tan estúpido. Le respondió con el emoji de un huevo. Su regla es que no te afecte lo que piense nadie, a menos que esa persona te toque la puerta de vez en cuando para preguntarte si tienes comida en tu casa o si tus hijos están bien. Lo único que le pesa es cuando los comentarios se meten con su hijo: ahí se pregunta si es un troll o alguien muy infeliz, porque él, dice, sería incapaz de alegrarse de la desgracia de otro. En medio pide otro almohadón, porque al lado de las dos se ve enano.

Enano o gorda

Gabi pone la comparación: a Daniel Noboa le vale que le digan enano, pero a cualquier asambleísta o vicepresidenta le llegan miles de mensajes diarios diciéndole que está gorda, fea o arrugada. ¿Qué tiene que ver eso con el debate político?, preguntan en la mesa. Jorge discute: si a él le dicen enano, él no anda aparentando ser más alto, mientras que hay quien se pone 157 cremas para no verse arrugada; le responden que Noboa también usa plataformas. Al final admite que la afectación es mayor para las mujeres, también la violencia política en redes: “no hay que negar la estadística”. Su explicación es que entre hombres se ponen apodos y se ríen, y que la mujer es más sensible en lo humano, así que la violencia sobre su cuerpo impacta más.

Cristina lleva la discusión a la política. El voto sigue siendo emocional, dice, pero ahora la disputa es por la atención: ya no hay los grandes discursos de los años 60, y la atención de los demás es el activo más valioso de este siglo. Por eso pide responsabilidad a quien hace contenido, sea político o influencer: preguntarse si lo que hace es bueno para la sociedad, si es verdadero, si va a ayudar a alguien, y si no, no hacerlo. Jorge responde que hay que darle a la gente lo que quiere, porque con discursos se pierde.

Comer, rezar, amar

Llegan los bolones, el corviche y el tigrillo, y le preguntan a Cristina por China. Ya fue, responde: el año pasado ella fue Julia Roberts. Como en la película, viajó después de un divorcio y de una temporada difícil, y en la mesa caen en cuenta de que los tres son divorciados. Para ella el divorcio no es un fracaso sino una oportunidad de transformación: se equivocó en la persona que eligió, pero no cambia por nada todo lo que vino después.

Estuvo en Roma, en la primera misa del papa, detrás de los jefes de Estado porque hasta ahí no llegaban sus conexiones; en India, en una conferencia; en China, y en Bali, una isla hinduista en un país musulmán, donde buscó al maestro que conoció Julia Roberts. Ya había fallecido, pero estaba su hijo. Hizo un ritual de limpieza en unas cascadas y volvió, dice, nuevecita.

El cucaracho

El hombre equivocado, en la mesa, pasa a llamarse cucaracho. Jorge dice que los cucarachos abundan y se reproducen porque son los que ellas escogen. Cristina lanza su “facto”: para descubrir que el cucaracho es cucaracho, uno estaba vibrando en el mismo nivel de conciencia, y eso hay que reconocerlo. Por eso se elige mal. Jorge le reclama a Gabi que a Cristina le da la razón porque lo dice bonito, y a él no porque lo dice crudo, aunque sea lo mismo.

Uñas, reinas y la vara

Jorge cuenta que contrató a chicas jóvenes para la cafetería, universitarias y madres solteras, y les pidió las uñas sin pintar, porque un pedazo de esmalte puede caer en la comida. Cristina aprovecha para contar que hace seis meses dejó de pintarse las uñas y que solo se hace limpieza. Jorge les preguntó a las chicas si alguna vez habían visto a una reina o a una princesa, como Lady Di, con uñas así; le dijeron que ellas no eran reinas ni princesas, y él les respondió que bien que buscan un rey. A una que volvía sola a casa aunque el novio tenía carro le aconsejó dejarlo.

Cristina coincide: hemos puesto la vara tan bajita que cualquier cosa parece la gran cosa, y los hombres tienen que aprender a ser hombres de verdad. Jorge apunta al otro extremo: mujeres exitosas como ella, o como las empresarias que han pasado por el programa, que ponen la vara demasiado alta y buscan a uno que “sume” más que ellas. Cristina responde que buenos hombres hay, que hay que buscar y elegir bien; Jorge pide dejar de romantizar y no buscar al 1% cuando hay muchos hombres buenos que no tienen el mismo éxito. En la mesa piden valorar la responsabilidad, el trabajo, la generosidad con el tiempo y la caballerosidad, no el dinero, y Cristina advierte de los fantoches que muestran una vida que no existe. Jorge saca el clip de Gabi sobre el carro de su marido, y ella dice que la sacaron de contexto.

Reina, modelo y explantación

Cristina cuenta que ha pasado por todas las etapas. Cuando Jorge la conoció en la universidad era flaquita, tipo modelo; fue reina de Guayaquil y después vino su época de miss y de modelo en Miami, con rutina de gimnasio y cuadritos. Y reconoce un error: se puso implantes, y hace dos años se los quitó en un proceso que se llama explantación. Es, dice, lo mejor que pudo hacer.

Después subió y bajó de peso, y llegó a engordar bastante por algo que, avisa, la gente no sabe. Igual se sentía guapísima. Hoy cuida las porciones y hace ejercicio, no para recuperar el cuerpo de antes sino por salud.

La pérdida que nadie supo

Jorge le pregunta si fue su elección no ser mamá. Cristina empieza por su abuelita: cuando la coronaron reina de Guayaquil, le decía a sus tías que ahora sí su Cristi iba a tener al mejor galán de la ciudad, porque las abuelitas y las mamás querían verla casada y con hijos. Pudo tenerlo en distintas etapas de su vida y no quiso.

Cuando sí quiso, pasó por tratamientos hormonales, y de ahí vino el peso. Y tuvo una pérdida de la que nunca nadie se enteró. La procesó sola y, después de intentarlo por un tiempo, se dijo que eso no era para ella y que no tenía por qué forzarse. Se preguntó si la maternidad era una realización, una vocación o algo impuesto por la familia porque estaba casada, y la respuesta, que asegura que no fue dolorosa, fue clara: “Cristina, esto no es para ti”. Lo cuenta suelto porque ya lo tiene procesado, pero sabe que para muchas mujeres puede ser un conflicto enorme y una imposición muy dolorosa. Por eso suscribe una frase: la maternidad será deseada o no será.

Para ella sigue siendo la vocación más linda y el trabajo más hermoso del mundo, y lo dice desde el amor de su madre. Pero hay muchas formas de maternar: en el Ecuador hay 4 millones de niños a los que se puede servir con proyectos, y está el amor por su sobrino, que no es lo mismo, pero es. Todavía podría, admite, pero no quiere imponérselo, y con los años el sacrificio es más grande. En la mesa le dicen que es lindo que haya llegado a ese acuerdo consigo misma, porque muchas mujeres nunca lo logran.

Elegir bien al padre

En la mesa dicen que elegir al padre de los hijos es una elección más importante que elegir al marido. Nadie se quiere imaginar a Cristina con un hijo del cucaracho, y ella le da gracias a Dios por haberse librado. También se recuerda a una mamá divorciada que les decía a sus hijos que volvería a casarse con su papá para que nacieran ellos, porque el padre que tienen es lo mejor que les dio. A Gabi, por eso, le molesta que le pregunten si su esposo la ayuda: “Jorge no ayuda, Jorge paterna”. Cristina recuerda que cuando la Constitución puso la corresponsabilidad en las labores del hogar como principio, a mucha gente le pareció revolucionario, porque toda la vida eso había recaído solo en la mujer.

Paternar

Jorge cuenta que cambiaba pañales, se levantaba de madrugada y dejaba dormir a la mamá. Lo que no hacía era limpiar a sus hijas: le daba miedo lastimarlas y prefería que lo hiciera ella; con el varón no tuvo problema. Con la mamá de sus hijos llegaron a un acuerdo: prefería diez veces que los criara ella antes que una persona externa, así que él se encargó de proveer y ella era la jefa del hogar. No es machismo, dice, es un acuerdo.

En la mesa coinciden en que esas decisiones son íntimas, pero insisten en que una mujer que se queda en casa necesita sus propias fuentes de ingreso, porque nunca se sabe: el marido puede morir sin seguro de vida, o divorciarse y desentenderse para formar otra familia. Jorge asegura que nadie puede decir que él es irresponsable y que habla con la mamá de sus hijos casi todos los días. Y le recuerdan que el padre no puede ser solo un cajero. Jorge admite que cometió muchos errores: quiso cubrirles a sus hijos las carencias que tuvo de niño, y su hija mayor, la que está en Alemania, le dijo un día que esos eran sus fantasmas y no culpa de ellos.

Sin manual

Cristina, que no es mamá y probablemente no lo será, pregunta con qué manual nacieron los demás, con tanta información de polos opuestos. Gabi les da a sus amigas el mismo consejo: sigan su instinto y no le hagan caso a nadie, o se van a volver locas. Jorge suma una regla que sí cree general: no hay que ser amigo de los hijos. Pueden tenerte confianza, pero tú eres el padre, y si no se pierde el respeto. De todas formas, se ríen, a los hijos se los traumatiza igual.

Jorge da el ejemplo. Su hija menor, hoy de 19 años, le reclamó hace poco algo de cuando era niña: en una matiné lo pusieron de jurado y votó por una prima y no por ella, porque era conflicto de interés. Y Gabi recuerda la primera vez que se quedó sola con sus mellizos, de una semana de nacidos: los dos se hicieron popó y lloraba porque no sabía a quién cambiar primero sin traumar al otro.

La discusión sigue con la independencia de los chicos. Gabi cuenta que Leo y Luca, de 4 años, levantan su mesa y se sirven solos; Jorge dice que eso está bien, pero que no ve a los jóvenes resolviendo solos lo emocional y que hoy necesitan psicólogo a los 15. Del otro lado le responden que todo el mundo tendría que ir a terapia y que el acceso debería ser más universal. Jorge matiza: que esté disponible no significa que todos la necesiten.

El sánduche de queso

Jorge cuenta que cayó en las drogas y en muchas otras cosas, que salió y que hasta hoy tiene su psicólogo. De ahí sale su metáfora. Un sánduche de queso es pan, queso y pan. Si alguien no come mantequilla, se hace sin mantequilla; si es intolerante al gluten, con pan sin gluten; si es vegano, con queso de soya. Pero sigue siendo un sánduche de queso. Por eso, cuando le dicen que lo que le sirvió a él no le sirve a todo el mundo, responde que depende: hay que adaptarlo a cada uno, pero en el fondo es lo que se necesita.

Cristina le responde que habla desde su paradigma, y que esta generación tiene tanto acceso a la información y es tan curiosa que ya no acepta la educación lineal de antes, la de “esto es un sánduche de queso y te lo tragas”. Hace falta autoridad y hay valores que transmitir, dice, pero también escuchar por qué el chico cree que no es un sánduche de queso, sino una pizza. Jorge aclara que habla desde su experiencia: lleva una vida sana desde 2010, cuando entró a rehabilitación, y va para los 17 años. Cuando ve en alguien lo que él vivió, lo sabe: ese necesita el sánduche de queso, y después se conversa qué pan y qué queso. La conversación cierra con la disciplina: en una época en que todo es instantáneo, el paraíso de privilegios no es para todo el mundo.

Mi casita, mi camita

Jorge cuenta que hace poco lo buscó la dueña de un centro de rehabilitación para mujeres en Chone, donde daba terapias pro bono una vez por semana, para decirle que las chicas que ya salieron se acuerdan de sus frases. La que más repetía era esta: él, al terminar, se iba a su casita, a su camita, con su colchita, su televisor y su aire acondicionado, sin compartir cuarto con nadie; ellas eran las que estaban encerradas, así que ellas decidían si seguían ocultando lo suyo. Hoy, le contaron, es lo que les recuerdan a las que siguen adentro: que afuera se puede volver a casa y ser libre.

Cristina cuenta sus planes: el libro se lanza en febrero, prepara un producto digital para ayudar a mujeres en liderazgo, reinvención personal y empoderamiento, tiene conferencias afuera y un viaje exótico a fin de año, con quien nadie debe preguntar. Y recibe el año con todos los rituales: calzón amarillo, uvas, baño de canela y ropa blanca nueva.

¿Presidenta?

Jorge le pregunta si la política sigue en sus planes. Cristina dice que sí, porque es una vocación de vida y se ha formado para eso; tuvo una experiencia en un partido político, hay cosas que le apenan y no es el momento de contarlas, pero espera que algún día se dé la energía para juntarse con un grupo de ecuatorianos que quieran cambiar el país. No puede decir que sea mañana, aunque para estas elecciones la llamaron un montón. A Jorge le molesta la respuesta típica de quien dice que no es algo que esté pensando: Gabi dice que a ella sí le gustaría ser presidenta, pero que no la van a dejar, y Cristina, a la pregunta directa, responde: “Por supuesto que sí”.

Lo que importa, sigue Cristina, es para qué. En el país cualquiera ha llegado a presidente, y la pregunta es cuáles son tus causas: los intereses económicos y corporativos, o el pueblo que sufre. Un presidente debe equilibrar los intereses para el bien común, no para un grupúsculo. Y la vara está tan baja que lo que la gente pide es lo básico: educación de calidad, tener luz y que no la corten, un sistema de salud. No se puede hablar de inversión y de tecnología, dice, en un país que todavía no iguala las condiciones estructurales de tanta gente. Jorge confiesa que últimamente se queda más callado, porque juzga desde una silla sin conocer la realidad, y Gabi dice que a ella no la dejarían ser presidenta porque todo le parece facilito.

El ejemplo de El Salvador

Gabi acaba de volver de El Salvador impresionada: vivió en Europa y nunca sintió una seguridad así. Cristina recuerda lo que era el país antes de Nayib Bukele, el de las pandillas, y atribuye el cambio al liderazgo, a decir la verdad y a valores claros conectados con el bienestar de la mayoría. En la mesa suman que la gente lo respaldó después de una matanza de las maras, y que no es lo mismo tener policías, militares y jueces que dicen “sí, presidente” que tenerlos corruptos hasta la médula.

Jorge lanza su teoría: si Bukele se nacionalizara ecuatoriano y se lanzara aquí, no votarían por él, porque es bachiller. Para él, el país no necesita un máster ni un PhD, sino alguien con voluntad para rodearse de los asesores correctos: se pueden tener 150 títulos y, sin voluntad, no sirven de nada. Cristina recuerda una frase que cree de Charles de Gaulle: algunos piensan que la política es el arte de lo posible, pero es el arte de la voluntad. En la mesa le suman el desapego para servir.

Conflicto de intereses

Jorge dice que si él fuera presidente su familia lo desconocería. Tiene, explica, un trauma con el conflicto de intereses, que le dejó un jefe que tuvo cuando empezó su rehabilitación, en 2010, y no le gusta deber favores. Y cuenta algo personal: hace dos meses que no le habla a su hermano menor por parte de madre. Siempre lo apoyó y fue a sus peleas, le pidió una entrada y terminó en lo más alto de la tribuna. La gente cree que es por 50 dólares, dice, pero no son los 50, es lo que representan. Si fuera presidente, asegura, metería preso hasta a sus amigos. En la mesa le piden que sea sin perseguir a nadie.

La conversación pasa a las cárceles. En la mesa se pide clasificar a los presos: no es lo mismo un terrorista, un jefe de sicarios, un asesino o un violador que alguien que robó, estafó o debe pensiones. La cárcel, dicen, no era un centro de rehabilitación sino una escuela de perfeccionamiento del delito, y en las masacres murió gente que no lo merecía. Para ellos, el primer derecho es la seguridad, y en la mesa admiten que, aun en países donde no pasa nada, cargan la psicosis de Guayaquil cada vez que pasa una moto.

El cierre

Antes de despedirse se burlan de Gabi, que solo toma matcha con las mamitas del colegio; ella se defiende con que trabajó en el Banco del Pacífico y es “fina, pero con esquina”, y la frase gusta tanto que se la quieren robar. Jorge le agradece a Cristina por hablar de su vida, pide seguirla en redes y deja un aviso: antes de mandarle odio por su físico, mírense en el espejo. Gabi se despide de su amiga virtual, y Cristina responde que digan lo que digan, su autoestima es tan grande que no le hace mella: es, dice, la favorita de Dios.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Por qué Cristina Reyes decidió no ser madre?

La abogada Cristina Reyes contó en Las Cosas Por Su Nombre que, cuando quiso ser madre, pasó por tratamientos hormonales y vivió una pérdida que no le contó a nadie. Después de intentarlo un tiempo se preguntó si la maternidad era una vocación o una imposición familiar, y concluyó que no era para ella ni tenía por qué forzarse. Su resumen: la maternidad será deseada o no será.

¿Quién es Cristina Reyes?

Cristina Reyes es abogada, con maestría y doctorado, exreina de Guayaquil, exmodelo y speaker internacional. Estudió Derecho a fines de los 90, en la misma facultad que Jorge Cassis. Después de 15 años de carrera política está en lo que llama una pausa creativa: ganó una beca para estudiar en China y prepara un libro que se lanza en febrero.

¿El odio en redes golpea más a las mujeres en política?

En el episodio de Las Cosas Por Su Nombre con Cristina Reyes, la mesa concluyó que sí. Gabriela Suescum comparó las burlas a Daniel Noboa por su estatura con los miles de mensajes diarios que recibe una mujer en política sobre su cuerpo y su edad. Jorge Cassis lo discutió, pero terminó admitiendo que la afectación es mayor: "no hay que negar la estadística".

¿Qué es el "sánduche de queso" de Jorge Cassis?

Es la metáfora con la que Jorge Cassis, que lleva una vida sana desde que entró a rehabilitación en 2010, explica que en el fondo las personas necesitan lo mismo. Un sánduche de queso es pan, queso y pan: se puede hacer sin mantequilla, con pan sin gluten o con queso de soya, pero sigue siendo un sánduche de queso. Cambia la forma, no lo que hace falta.

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