Un panel armado alrededor de la primera edición de ALTUM
Jorge Cassis dedica el capítulo a las artes marciales mixtas en Ecuador y arma una mesa con cuatro personas que miran el mismo fenómeno desde lugares distintos. Está Alejandro Saona, uno de los organizadores de ALTUM; Enrique Crespo, abogado y cinturón negro de jiu-jitsu; y los peleadores profesionales Enrique Guerrero y Luis “Colo” Arboleda. Gabriela Suescum no participa en esta grabación por un compromiso familiar, algo que se aclara al comienzo del programa.
La conversación tiene un punto de partida cómodo para el conductor: Jorge también practica jiu-jitsu, así que entra al tema sin necesidad de traducirlo. Eso le permite conversar con los invitados sobre estilos y sobre los casos de peleadores ecuatorianos que ya lograron salir del país. En algún momento destaca el trabajo en el suelo de Colo Arboleda como una de las cosas que vale la pena mirar en la cartelera.
ALTUM como liga, no como fecha suelta
La apuesta por profesionalizar
Saona insiste en un matiz que atraviesa todo el episodio: ALTUM no es un evento aislado sino el arranque de una liga nacional de MMA. Según explica, la expectativa que se generó alrededor de esta primera edición viene de la profesionalización que están inyectando al formato y del intento deliberado de emular estándares internacionales. La entrada de inversionistas es la pieza que hizo posible ese salto.
Once combates en el Teatro Sánchez Aguilar
El resultado concreto de esa apuesta es una cartelera nacional de once combates profesionales, con la jaula montada en el Teatro Sánchez Aguilar. El panel celebra además que la fecha coincida con el inicio de las fiestas de Guayaquil, algo que la mesa lee como una coincidencia favorable para la convocatoria.
Lo que cuesta vivir del combate en un país futbolizado
Los peleadores llevan la conversación a la realidad del oficio. Hablan de la falta de patrocinio corporativo y de lo difícil que resulta sostenerse económicamente en un país donde la atención deportiva está concentrada en el fútbol. La crítica que aparece en la mesa apunta a que el talento marcial ecuatoriano permanece invisible menos por falta de nivel que por falta de interés mediático.
A eso se suma un obstáculo del que también se habla abiertamente: el estigma sobre el origen de los fondos, que complica conseguir avales institucionales para eventos de este tipo. Ese tramo termina con un reclamo compartido por salarios justos para los deportistas de combate.
La vitrina y el pasaporte
No tener que irse a Perú o México
Saona plantea que el propósito de fondo es visibilizar el talento local para que los peleadores no tengan que emigrar a Perú o México en busca de oportunidades. Los atletas de la mesa lo confirman desde su lado: entienden la cartelera como una vitrina que puede acercarlos a ligas internacionales sin obligarlos a construir toda su carrera afuera.
Después del talento local, la región
La estrategia declarada tiene un segundo tiempo. Una vez afianzado el talento local, la idea es sumar peleadores de la región a las carteleras. La meta financiera que Saona pone sobre la mesa es asegurar un contrato de transmisión internacional, que es lo que terminaría de darle sostenibilidad al proyecto.
Vestuario, restricciones y despedidas
El tramo final baja el tono. Aparecen las bromas sobre las restricciones que se imponen a los peleadores antes de competir y sobre las reglas no escritas de las celebraciones que vienen después de los eventos, contadas con la camaradería propia del vestuario. Es la parte más suelta del programa y funciona como contrapeso a la discusión sobre plata, avales y patrocinios.
Antes de cerrar, cada invitado deja lo suyo. Enrique Guerrero invita a sus seguidores a asistir al evento, Enrique Crespo agradece la invitación y el formato del programa, y Colo Arboleda promete que su combate estelar dejará al teatro de pie. Jorge reafirma su compromiso con seguir difundiendo las artes marciales mixtas desde el espacio.



